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La final que Tigre nunca terminó: de La Bombonera al escándalo del Morumbí

La ida terminó 0-0 en La Boca. La vuelta se cortó en el entretiempo, entre denuncias de armas en el vestuario, una copa entregada por escritorio y una herida que volvió a abrirse años después.

Por Kevin Folino·
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La final que Tigre nunca terminó: de La Bombonera al escándalo del Morumbí

Tigre jugaba su primera final continental y nunca había sido campeón del fútbol argentino, frente a un San Pablo con títulos de Libertadores y de Mundial de Clubes. El Vasco Arruabarrena se fue por malos resultados en el Inicial 2012 y Néstor Gorosito tomó el equipo, que remontó en el torneo y, sobre todo, en la Sudamericana. En el camino dejó afuera a Argentinos Juniors, Deportivo Quito, Cerro Porteño y Millonarios. A los colombianos los eliminó con un 1-1 en Bogotá y por el gol de visitante tras el 0-0 de la ida.

La ida se jugó en La Bombonera porque el Dellagiovanna solo tiene capacidad para 28.000 personas y el reglamento de Conmebol exige un mínimo de 40.000 para una final. Fue un partido trabado y con mucho roce, que terminó 0-0. El marco fue de unos 19.000 espectadores, y el gol de visitante no valía en la final, así que todo quedaba para el Morumbí.

La noche ya había arrancado caliente, con agresiones al micro de Tigre y apriete durante el precalentamiento. San Pablo ganaba 2-0 con goles de Lucas a los 22 minutos y de Osvaldo a los 28. El entretiempo terminó con choques entre jugadores camino al vestuario, y ahí, según la denuncia de Tigre, los argentinos fueron emboscados por la seguridad privada del club.

Gorosito contó que dos personas sacaron revólver. Explicó que no podía arriesgar a sus jugadores a que les pasara algo peor, y estimó que entre seis y siete resultaron lastimados. El cuarto árbitro, Julio Bascuñán, estuvo en el vestuario tratando de convencerlos de salir. Tigre no salió, y el chileno Enrique Osses dio por terminado el partido.

Esa misma noche, Conmebol premió a San Pablo a través de su entonces presidente, Nicolás Leoz, y el Tricolor fue proclamado campeón de la Sudamericana sin haber jugado el segundo tiempo. Meses después, la confederación ratificó oficialmente el título y multó a los dos clubes con 100.000 dólares cada uno.

El capitán Martín Galmarini defendió la postura del plantel: según la agencia EFE, sostuvo que el equipo hizo lo correcto al no volver a la cancha. En sus palabras: “Creo que tomamos la decisión correcta de no salir a jugar el segundo tiempo”.

San Pablo contó otra historia: que los jugadores de Tigre, siguiendo la pelea del final del primer tiempo, invadieron su vestuario y la seguridad del club defendió a sus futbolistas. Rogério Ceni, el capitán y arquero, acusó a los rivales de provocar los incidentes y de no querer jugar, aunque admitió que no tenía idea de lo que había pasado en el vestuario. Su frase fue: “Ellos vinieron acá para pelear, no para jugar”.

El reencuentro llegó en 2023, otra vez por la Sudamericana y en el mismo grupo. El sorteo volvió a poner a Tigre y San Pablo en el mismo camino una década después de la final. El 6 de abril, en Victoria, San Pablo ganó 2-0 con dos goles de Erison, en un clima pesado en el que hasta hinchas de Tigre apedrearon por error el micro de su propio equipo. La revancha fue el 27 de junio en el Morumbí, y volvió a ganar San Pablo 2-0, con goles de Juan a los 72 minutos y de Wellington Rato en tiempo agregado. San Pablo cerró primero en el grupo con 16 puntos, y Tigre fue segundo con 10; ambos avanzaron a los playoffs. Once años después de aquella noche, el Matador se fue otra vez de Brasil sin poder cambiarle el final a la historia.

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