Machado Da Silva: Ídolo en tierra ajena.
Su paso por Racing estuvo marcado por el talento, el compromiso y momentos que quedaron grabados en la historia del club. La carrera de Machado Da Silva refleja la importancia de aquellos jugadores que construyeron la identidad de la Academia.

Hay futbolistas que necesitan años para ganarse el corazón de una hinchada y otros a los que les basta un solo año para entrar directo a las páginas doradas de un club. Este es el caso de Wálter Machado Da Silva, el delantero brasileño que llegó a Avellaneda en 1969. Tras haber disputado el Mundial de Inglaterra 1966 con la selección brasileña y haber tenido un curioso e insólito paso por el FC Barcelona, donde jugó amistosos sin poder debutar oficialmente por trabas reglamentarias, desembarcó en Argentina con credenciales de elite. A fuerza de técnica, potencia y goles, superó los prejuicios de la rivalidad entre Argentina y Brasil hasta ganarse el cariño eterno de los hinchas de la Academia, cambiando las dudas iniciales por un afecto inolvidable.
Durante el Torneo Metropolitano de ese mismo año, Da Silva demostró su habilidad en poco tiempo: goles de pelota parada, de cabeza, definición con precisión y una capacidad para asistir a sus compañeros que deslumbró por igual a propios y ajenos. Aquella campaña terminó con un registro histórico: se consagró máximo anotador del torneo con 14 goles, convirtiéndose en el primer, y hasta la fecha, único futbolista brasileño en salir goleador de un campeonato de la Primera División Argentina.
Su paso por Racing fue breve, en total vistió la camiseta albiceleste en 28 encuentros dejando una marca indeleble de 18 goles. Más allá de las estadísticas, lo que dejó grabado su nombre en la identidad de la Academia fue su entrega incondicional, su jerarquía en los partidos decisivos y esa elegancia para jugar al fútbol que trascendió fronteras.
Al año siguiente regresó a su país natal. La huella de Machado Da Silva demostró que el sentido de pertenencia no sabe de nacionalidades ni de calendarios prolongados. En solo un año, el muchacho de Ribeirão Preto se convirtió en héroe de Avellaneda, confirmando que el talento y el compromiso no entienden de banderas cuando se trata de ganarse el respeto del Cilindro.
Su partida física en septiembre de 2020, a los 79 años, reavivó el recuerdo de una gesta irrepetible. Hoy, su nombre sigue resonando en la memoria colectiva del fútbol argentino como el del brasileño que rompió molde y distancias para transformarse en una leyenda eterna del club de Avellaneda.
