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Cuando el "Rey" se enfrentó al "Rey de copas"

En 1964, Independiente no solo goleó al legendario Santos de Pelé en un amistoso inolvidable en la Doble Visera, sino que poco después lo destronó en la Copa Libertadores para iniciar su propio imperio en el continente.

Por Kevin Folino·
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Cuando el "Rey" se enfrentó al "Rey de copas"

A comienzos de 1964, el estadio de la Doble Visera de Avellaneda fue escenario de una noche mágica. En el marco de un partido amistoso nocturno para inaugurar el nuevo sistema de iluminación del estadio, Independiente recibió al Santos de Brasil, considerado en aquel entonces el mejor equipo del planeta. Lo que prometía ser una fiesta terminó en una paliza histórica: el rojo goleó 5 a 1 al conjunto paulista con un doblete de Luis Suárez, tantos de Raúl Bernao y Raúl Savoy, y un autogol de Lima. El descuento para la visita fue obra del propio Pelé.

Aquel abultado amistoso no sería un hecho aislado, sino el prólogo de un cruce épico por los puntos. Meses más tarde, ambos clubes volvieron a verse las caras en las semifinales de la Copa Libertadores de América. Santos llegaba como el vigente bicampeón continental e intercontinental, pero Independiente estaba listo para dar el gran golpe.

En el partido de ida, disputado en el mítico Estadio Maracaná de Río de Janeiro, el panorama comenzó adverso para el conjunto argentino, que caía 2-0 tras los goles de Peixinho y Pepe. Sin embargo, Independiente protagonizó una hazaña inolvidable: firmó una remontada épica y lo dio vuelta 3-2 con goles de Raúl Bernao, Mario Rodríguez y un agónico tanto de Luis Suárez a los 89 minutos.

La revancha en Avellaneda reconfirmó la gesta. Con personalidad y juego, el rojo se impuso por 2-1 con conquistas de Miguel Ángel Mori y Mario Rodríguez, eliminando al gigante brasileño y sellando su boleto a la gran final. Días después, tras superar a Nacional de Uruguay, Independiente se consagraría campeón de América por primera vez en su historia.

Aquel mítico cruce frente a Pelé y su Santos no solo marcó el fin de una era en el fútbol sudamericano, sino que significó el verdadero bautismo de fuego para el club de Avellaneda, iniciando la leyenda del inolvidable "Rey de Copas".

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